Un extraordinario concierto para piano de la virtuosa pianista vienesa Renate Hudler sobre el anhelo, la partida y la libertad interior.
El camino de Chopin lo llevó a Viena dos veces por períodos cortos, pero esos meses dejaron una profunda huella en su música. Entre el glamour y la soledad, entre cafeterías y salas de conciertos, se formó aquí un mundo de sonidos que aún hoy nos conmueve.
Lleno de nostalgia y sin poder regresar a Polonia, sacudida por la revolución, pasó la Navidad solo en Viena, lleno de añoranza y emociones que se reflejan en sus mazurcas, en el Scherzo Op. 20 con un villancico polaco y en el conmovedor Nocturno en do sostenido menor.
Viviendo cerca de la iglesia de San Pedro, Chopin conoció a modelos musicales como Johann Nepomuk Hummel, escuchó la música de baile de la época en los cafés vieneses y la transformó en su inconfundible lenguaje musical. Así es como se creó en Viena la brillante Grande Valse brillante, Op. 18.
Cuando los ensayos de la orquesta fracasaban, Chopin improvisaba. El espíritu de estas improvisaciones perdura en la Fantaisie‐Impromptu, Op. 66, una corriente musical de conciencia entre el virtuosismo y la introspección.
Los celos, el anhelo de amor y la pasión por la ópera también le acompañaban: después de ver Otello de Rossini, Chopin se sintió como el propio Otelo, un motivo que Franz Liszt retoma en Venezia e Napoli – Canzone.
La cripta es agradable en todas las estaciones.
| Piano: | Renate Hudler |
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