Solo existe una razón por la que lleve 30 años haciendo canciones, discos y conciertos... lo mucho que me apasiona, la felicidad que me produce, y la sensación de liberación tan grande que me produce. Una preciosa forma de conectar contigo, una curiosa manera de hacer catarsis y de conocerme mejor, una maravillosa actividad que te permite exorcizarte y despojarte de mil capas que en ocasiones ni sabes que tienes.
Si estás 30 años haciendo algo, pienso que sólo puede ser por obligación, por dinero, por que no tienes más opciones o por que te encanta y te apasiona. En mi caso, tengo claro que es por puro amor hacia la música. Para poder hacer un nuevo concierto, he de ser yo mismo quien gestione, organice, y publicite todo, o lo que es lo mismo, encargarte del traslado, del equipo, de su montaje y desmontaje, de la gestión del recinto, del diseño de la publicidad, de la divulgación y promoción del concierto, de las entradas, del repertorio, de los ensayos, de la interpretación, del público, del puesto de ventas, y de absolutamente todo. Y si eso, lo multiplicas por más de medio millar de conciertos, más de una docena de países, y lo extiendes durante 30 años, si, sin lugar a dudas estás locamente enamorado de lo que haces. Es fácil desaparecer porque nadie te buscará, nadie te espera y nadie te conoce, así que borrarte, hacerte a un lado, y simplemente dejarlo estar, es algo sumamente sencillo. Lo verdaderamente complejo es seguir una y otra vez queriendo compartir esas canciones, vestirlas con sus mejores galas, y subirlas a otro escenario una vez más, poniendo la cara y dejándote los dedos y la garganta para tratar de llegar a alguien, para ver si alguien siente como tú, y abraza tus imperfecciones.
No me gusta mucho esto de decir que vamos a celebrar 30 años de música, pero es lo que toca. Toca juntarnos otra vez y bailar una noche más con el entusiasmo y el nerviosismo de la primera noche y la pasión y el sentimentalismo de creer que quizás es la última.
Han pasado ya 30 años desde aquel junio de 1997 cuando agarré la guitarra y me puse a componer mis primeras canciones y desde aquel concierto en el TQM de Vigo, con 90 amistades que reventaron la sala para darle alas a un adolescente que soñaba con hacer canciones.
Habrá invitados especiales, será una noche de reencuentro, de niños y niñas perdidos/as, y de darle un buen repaso a un cancionero que no deja de crecer y de acompañarme allá dónde voy. Muchas anécdotas, muchas historias por contar, y también algunas sorpresas que me guardo.
Gracias por estar. Habrá picoteo, ven sin cenar.
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Y no olvides esto que te digo, no te lo guardes para tí, y cuéntaselo a un amigo.
Gracias por darme libertad para seguir creando, y siendo libre, auténtico, e independiente.
Un abrazo enorme para ti que estás al otro lado.
Samuel Leví
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