¿Cómo se aprende a tener una nueva voz cuando ya no queda nada por decir?
En una habitación de hospital hay dos cuerpos: una marioneta que muere y un intérprete que la acompaña. Al otro lado de la ventana, la ciudad sigue su curso. Sus sonidos se cuelan, lo inundan todo y recuerdan que la vida continúa también cuando algo se acaba.
Porque cuando llega la palabra, el mundo cambia. La palabra se impone al silencio, lo rompe, lo ordena. Pero ¿y si la palabra no nos perteneciera? ¿Y si solo fuera de las cosas?
Los objetos que nos rodean, las cosas que atraviesan nuestro día a día, tienen alma y tienen voz, solo que raramente las escuchamos. Y aunque nos sostienen, ellas no desean, no hablan, no lloran, no quieren, no saltan, no comen. No hacen nada. Nos dejan a nosotros vivirlo todo a través de ellas.
Aquí la voz no habita en los cuerpos, sino en los objetos. Esta pieza es una invitación a escuchar el mundo que nos rodea y a actuar en consecuencia: a lo que suena, a lo que sucede, a lo que queda.
Una función sobre avanzar. Sobre aprender a despedirse de uno mismo.
Elenco: Antoñito y Mikel
Asistencia a la creación: Ana Telenti, Iñigo Moro
Asistencia de dramaturgia: Ana Telenti, Iñigo Moro, Mariano Estudillo
Manipulación: Iñigo Moro
Espacio sonoro: Carlos Gorbe
Iluminación: Raquel Puche
Dramaturgia, dirección, plástica escénica: Mikel Arostegui Tolivar
Agradecimientos: Paula Casales
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